A solamente media hora al norte del aeropuerto de Manzanillo se encuentra un área que atrae los aficionados de la naturaleza directamente a dos de los elementos más poderosos: el sol y el mar.
Centenares de dulces y ricos plátanos bailan al son del viento y se refrescan con la brisa húmeda del océano en las famosos huertos de Costalegre, el lugar ideal para su crecimiento